La importancia de cultivar nuestra atención

Entrenar y fortalecer nuestra atención es una cuestión esencial para nuestra eficacia, equilibrio y bienestar. Nuestra mente es errante y funciona generando miles de pensamientos diarios. Pensamientos de todo tipo dependiendo de muchas variables y circunstancias, pero casi todos con una característica común: la mayoría nos arrastran y nos atrapan sin cuestionamiento. En concreto y según un estudio realizado por los psicólogos de la Universidad de Harvard, Matthew A. Killingsworth y Daniel T. Gilbert, titulado A Wandering Mind is an Unhappy Mind (una mente errante es una mente infeliz), nos pasamos el 46,9% de nuestro tiempo de vigilia enredados en nuestros pensamientos, es decir, divagando y rumiando acerca del pasado y del futuro lejos de lo que está ocurriendo aquí y ahora en el momento presente. En dicho estudio los investigadores también concluyeron que las personas son más felices cuando su mente no divaga, que cuando sí lo hacen, independientemente de la actividad que estén realizando o del lugar en el que estén.

Pero, ¿son nuestros pensamientos un problema? Los pensamientos no son ni buenos ni malos. Son simplemente pensamientos. Eso es todo. Se caracterizan principalmente por ser inevitables y por estar completamente fuera de nuestro control. ¿Quieres hacer la prueba? Detente un instante. Deja todo lo que estés haciendo y siéntate cómodamente. A partir de este momento y durante el próximo minuto lleva toda tu atención a las sensaciones físicas que percibes en las palmas de tus manos y si lo deseas, cierra tus ojos. ¿Qué ha ocurrido? Te habrás dado cuenta de que tu mente no puede dejar de generar pensamientos y de que no pasa mucho tiempo hasta que tu atención se ve arrastrada por alguno de ellos, saltando de uno a otro irremediablemente. Si tratas de hacer esto mismo concentrándote, por ejemplo, en una actividad cotidiana como conducir, fregar, ducharte, o cualquier otra cosa, no tardarás en advertir lo difícil que resulta estar mucho tiempo en el presente.

Pero como decíamos, los pensamientos no son un problema ni un obstáculo para nuestro equilibrio y bienestar. No son los pensamientos lo que nos afecta, sino que lo que nos perturba o desequilibra en un momento dado, es nuestro grado de identificación con ellos. Un pensamiento nunca describe la realidad, sino que simplemente responde a nuestra interpretación de la misma. El hecho de que el contenido de mis pensamientos acerca de la reunión que tendré la próxima semana sea muy negativo, no convierte ese contenido mental en una realidad. ¿Acaso puedo saber realmente qué es lo que va a suceder? Es más, ¿estoy realmente seguro de que ese día va a llegar? ¿Es esto tan importante que todo lo que está pasando ahora en el instante presente carece de interés? En muchas ocasiones este tipo de pensamientos nos ocupan mucho espacio, tiempo y energía, y condicionan completamente nuestra vida. Pero es importante darse cuenta de que por mucho que no deseemos tener este tipo de pensamientos o que queramos cambiarlos (por ejemplo un contenido negativo por un contenido positivo), no podremos hacerlo. Entonces, ¿qué podemos hacer? La clave es entrenar y fortalecer nuestra atención. De alguna manera es como si nuestros pensamientos fuesen muchas veces el abismo que nos separa de nuestro equilibrio y bienestar y la atención fuese el único puente capaz de cruzarlo. Debemos tomar consciencia de que no podemos controlar nuestros pensamientos pero sí podemos fortalecer y tener un mayor grado de control sobre nuestra atención. Solo de esta manera podremos transformar la relación que tenemos con nuestros contenidos mentales.

A través de la práctica de mindfulness (atención plena) fortalecemos nuestra atención para que de manera progresiva podamos empezar a “separarnos” de nuestro relato, de nuestra divagación y rumiación mental. Poco a poco iremos desarrollando lo que se denomina figura del “observador”. Empezamos a ver “las jugadas” de nuestra mente y paulatinamente dejamos de vernos arrastrados por ella. Comenzamos a no identificarnos. De alguna manera, como fruto de la práctica constante, se empieza a generar un espacio entre estímulo y respuesta, es decir, ante un estímulo externo (un comentario hiriente, por ejemplo) o interno (un pensamiento o emoción negativa) dejamos de reaccionar de manera automática y condicionada para pasar a dar una respuesta más consciente manteniendo la ecuanimidad.   

La manera de relacionarnos con los estímulos externos tiene hoy en día una importancia fundamental. Vivimos rodeados de múltiples dispositivos electrónicos que ponen a prueba, a cada instante, nuestra atención: emails, WhatsApp, redes sociales, Apps, noticias, etc. Basta ver que ocurre en el ámbito laboral en el que, en muchos casos, podemos vivir conectados las 24 horas del día a nuestro trabajo. Pero, ¿cuál es el coste de todo esto? La manera en la que nuestra mente se relaciona con estos estímulos es haciendo varias cosas al mismo tiempo, esto es, funcionando en “modo multitarea” con la aparente sensación de abarcar muchas cosas a la vez y ser más productivos. Sin embargo, diferentes estudios ponen de manifiesto que la «multitarea» no es posible desde una perspectiva neurológica y que lo único que hacemos es pasar de una tarea a otra, es decir, de un estímulo a otro constantemente. De esta manera vivimos en un estado de “atención parcial continua” que tiene un alto coste para nuestra eficacia personal, profesional y para nuestra salud y bienestar.

En definitiva, a través de la práctica constante y continuada de mindfulness vamos fortaleciendo el músculo de nuestra atención. Nos entrenamos en traerla al aquí y ahora para que permanezca en el momento presente. De esta manera es probable que descubramos el tiempo que malgastamos aferrándonos a recuerdos, dejándonos absorber por ensoñaciones, planes de futuro y lamentándonos por cosas que sucedieron hace mucho tiempo. Con la práctica tomaremos consciencia de la gran cantidad de energía que desperdiciamos anticipando, planificando, preocupándonos o fantaseando sobre el futuro y sobre lo que queremos que pase o deje de pasar.

Ser conscientes de lo que hacemos mientras lo estamos haciendo es la esencia de la práctica de mindfulness. Para ello, lo único que tenemos que hacer es prestar atención a nuestra experiencia. Habitar el aquí y ahora nos revela que este es el único momento del que disponemos. Un único instante para sentir, decidir, actuar, compartir, y en definitiva, vivir. 

 

Y tú, ¿quieres entrenar la mente de tu organización? Llámanos y te contaremos cómo podemos hacerlo. 

 

Manuel Darriba – Cofundador Koesencia

Por |2019-04-21T17:41:44+00:00abril 19th, 2019|Categorías: Mindfulness|0 Comentarios

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